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El terror se apoderó de Cúcuta durante la madrugada del sábado 1 de agosto, cuando un camión acondicionado con explosivos fue abandonado en inmediaciones del Comando de la Policía de Norte de Santander y utilizado para ejecutar un ataque que dejó 14 personas heridas, entre ellas 11 uniformados y tres civiles.

Pero después del estruendo, los daños y los momentos de angustia, una pregunta comenzó a repetirse con fuerza entre los ciudadanos: ¿cómo logró ese vehículo llegar hasta una zona cercana a una instalación policial sin ser detectado?

De acuerdo con la información revelada por las autoridades, el camión tenía placas falsas y había sido camuflado con zanahorias, papas y otros productos de mercado para no levantar sospechas. En su interior ocultaba una rampa desde la cual fueron lanzados cerca de 15 artefactos explosivos, activados mediante un sistema electrónico por radiofrecuencia.

El vehículo habría sido dejado cerca de una unidad médica de la Policía, en un sector próximo al comando departamental y a la entrada de Cenabastos. La facilidad con la que los responsables lograron ubicarlo en ese punto ha encendido un intenso debate sobre los controles de vigilancia, las labores de inteligencia y la capacidad de anticipar amenazas en una ciudad golpeada constantemente por los problemas de orden público.

En redes sociales, varios ciudadanos reaccionaron con indignación y cuestionaron la actuación de quienes se encontraban prestando seguridad en la zona. Algunos incluso utilizaron la expresión “pegados al teléfono” para reclamar mayor atención y vigilancia. Sin embargo, hasta ahora ninguna autoridad ha confirmado que los uniformados estuvieran distraídos o que esa situación haya facilitado el atentado.

Tampoco se ha informado públicamente y con precisión cuál fue la ruta seguida por el camión antes de llegar al lugar, cuánto tiempo permaneció estacionado ni si atravesó puestos de control. Estas son algunas de las respuestas que hoy exigen los habitantes de Cúcuta mientras avanzan las investigaciones.

La Policía señaló al ELN como presunto responsable del ataque y anunció operaciones para localizar a quienes participaron en la preparación y ejecución del atentado. El Gobierno también ofreció una recompensa de hasta 200 millones de pesos por información que permita identificar y capturar a los responsables.

Ahora el llamado de la ciudadanía no se limita a encontrar a los autores materiales e intelectuales. También se pide establecer si existieron fallas en los anillos de seguridad, en los protocolos de prevención o en las labores de inteligencia que debían proteger una instalación policial considerada objetivo de alto riesgo.

Cúcuta todavía intenta recuperarse del miedo que dejaron las explosiones. Mientras los heridos reciben atención y las autoridades buscan a los responsables, permanece una inquietud que no puede quedar sin respuesta: ¿el ataque fue imposible de anticipar o alguien bajó la guardia cuando más debía estar alerta?

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